Nueva Sonrisa

Nueva Sonrisa

A propósito del Día Mundial de la Sonrisa, celebrado el viernes pasado, 5 de octubre, podría aventurarse que no existe un gesto humano que concite mayor interés con propósitos publicitarios y de difusión a través de los medios masivos de comunicación, que la SONRISA. Un pequeño ejercicio de ensayo, teclear en Google esa mágica palabrita y en menos de medio segundo nos arroja 109 millones de entradas (artículos, menciones, definiciones, ofertas). Y si nos vamos a imágenes, la cantidad de fotos y vídeos de bocas y caras sonrientes se multiplica exponencialmente.  Ahora con el uso de los smartphones y tablets en las redes sociales las sonrisas no nos abandonan ni cerrando los ojos. Es un gesto omnipresente.

Esto daría qué pensar, argumentando equívocamente que el mundo es hoy feliz y la vida más fácil. Pero sobre lo que quiero llamar la atención es que no siempre la sonrisa fue carta de presentación. La risa y su versión más íntima, la sonrisa, no sólo no estuvo tan de moda, sino que incluso fue proscrita. La próxima vez que visites un museo, al mirar un retrato pon tu atención en ese detalle, encuadra los ojos y en especial la boca y caerás en la cuenta de esto: los artistas no sabían pintar dientes. Difícilmente verás un solo cuadro en el que asome esa doble línea blanca entre labio y labio. Si pintar unos dientes parece ser más fácil que pintar unos ojos o una nariz ¿por qué motivo los artistas, durante tantos siglos, ocultaban ese gesto y esa pieza de nuestro rostro que hoy consideramos tan importante al punto de suponerlo vestigio de nuestro estado de ánimo y reflejo de nuestra alma?

La ausencia de higiene y cuidados y el atraso en la práctica odontológica explicarían la prevalencia de bocas desdentadas y dientes antiestéticos, pero no es particularmente ese el caso. Por qué durante siglos y siglos el arte ha ignorado o renegado de la sonrisa es un enigma que tiene su origen en motivos no tanto estéticos como religiosos, antropológicos y políticos.

Conste la foto adjunta del Retrato de Familia del pintor flamenco renacentista Adriaen Thomasz, colección en el Museo del Prado. No podría decirse que esta familia esté pasando por un momento de pesadumbre; sus rostros muestran un ánimo sosegado, pero ni una leve sonrisa esbozan sus bocas. Y así encontraremos la mayor parte de los rostros en la historia del arte. Incluso todavía en las fotos de nuestros abuelos podemos encontrar uno que otro rostro adusto.

Sin embargo hoy, clínica dental que se publicite sin profusión de imágenes de dientes blancos y bocas sonrientes, está como anunciada en el directorio telefónico de páginas blancas. Y ninguna le compraría al pintor Thomasz su retrato de familia.

¿Por qué es nueva la sonrisa? en el próximo post…

María del Pilar🤔